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Salvador Kalavera – El matarte

Después de varios meses de acordar entrevistas virtuales ya sea por messenger, luego skype o facebook, las cuales no se concretaron más por el descuido de entrevistador que por la disponibilidad del entrevistado; hace dos semanas por fin logramos nuestro objetivo; desechando las opciones tecnológicas nuestra entrevista se realizó debajo de uno de los Puentes Trillizos (La Paz), en el puente Unión que haciendo honor a su nombre vincula las zonas de Miraflores y San Jorge, allí durante 3 jornadas de trabajo este joven artista plasmó una nueva obra para nuestra ciudad, no es el lugar más visible, casi escondido se encuentra un imponente cóndor presto a alzar vuelo en la ciudad de cemento, esta la entrevista con Salvador Kalavera:

Tuba pagana. 2 plantillas individuales, 1.70cm alto, marzo 2010.

¿Tienes algún problema en dar a conocer tu identidad?
Para nada, ya me han hecho varias entrevistas. No me hago mucho lío porque lo que yo hago no es delincuencial; soy un artista urbano.

¿De dónde eres?
Nací en Tupiza (Potosí) pero viví más tiempo en Cochabamba y La Paz, actualmente vivo en Buenos Aires (Argentina) donde estudio diseño de indumentaria en la Universidad estatal de Buenos Aires (UBA).

¿Qué diferencia hay entre un grafitero y un artista urbano?
El grafitero viene más de la cultura del hip-hop y yo no tengo ningún apego a ella; soy del otro extremo; pero esto no significa que no pueda hacer arte urbano. El graffiti tiene sus propias modalidades que yo no utilizo, como el marcar zonas, escribir nombres, tagear. Ellos mismos se definen como escritores. Obviamente, hacen figuras e imágenes que juntan con las letras. Lo mío no tiene nada que ver con el graffiti; lo que tengo en común es el uso del aerosol como herramienta de trabajo.

Stencil 2007

¿Cuáles son las temáticas que trabajas?
La cotidianidad es la que me inspira: salir a la calle y ver lo que sucede, cómo vive la gente cuando entras a la cocina y los temas del día a día que se hablan alrededor de una mesa. Esos son los temas que me inspiran y me hacen pensar en lo que voy a dibujar después. Sin necesidad de evadirse, hay que ser sensible a tu medio.

Cholitay. Stencil, 1.70cm. de alto, 3 plantillas individuales.

¿Por qué en la mayoría de tus obras están presentes los esqueletos?
Al principio, comencé a dibujar unas cholitas a las que no quería ponerles rostros con facciones estereotipadas de una mujer andina. Finalmente, llegué a la conclusión de que todos los seres humanos tenemos algo en común por dentro, que es un esqueleto, algo que nos hace iguales a todos. Entonces decidí que en lugar de poner un rostro utilizaría un cráneo y comencé a trabajar todas mis obras de esta manera, porque hay cosas que hemos olvidado o estamos olvidando: esa especie de espíritu de las cosas que están y no están muertas. Por eso a los esqueletos les pongo un contorno, un cuerpo para que estén presentes y tengan una personalidad de modo que la gente cuando los vea recuerde o les haga pensar algo.

¿Qué son la muerte y la vida para ti?
Para mí son la misma cosa, no creo que la muerte sea el final; más bien es parte de todo un proceso. Entonces, morir no significa que va a acabar todo, sino que es parte de ese proceso que es la vida: son la misma cosa. Tampoco hablo de reencarnaciones. Como decían nuestros antepasados, la muerte es parte de la vida y hay que tenerle respeto y no miedo.

Lujuria. graffiti, 2.5m. de alto.

¿Qué significa el “matarte”?
No es un nombre, es más bien un objetivo: es matar la cotidianidad, matar lo común, matar el aburrimiento, matar los pensamientos tontos. Es matar un poco al propio sistema mediante unos chispazos o ideas para que la gente comience a pensar en otras cosas y no sólo en lo que nos imponen.

¿Por qué esa necesidad entre los artistas urbanos de luchar contra el sistema?
No sé. En mi caso, porque se ha dado. Simplemente me di cuenta de que las cosas en este sistema en el que vivimos no están funcionando bien. No nos dejan pensar; se nos impone verdades, y no estaba satisfecho haciendo las cosas que me decían que tendría que hacer. Entonces comencé a buscar mi propio camino y encontré caminos alternativos; estoy buscando mi propia opción.

Teatro antidisturbios. 1.7m de alto, 2 plantillas individuales, 2009.

¿Cómo ves el movimiento del arte urbano y graffiti boliviano?
Ahora está bastante bien. Hace cinco años, cuando empecé, encontrabas en las paredes unos pocos esténciles, bombas, tags y un par de nombres que se repetían. El movimiento era tan pequeño que nos ubicábamos entre los que pintábamos. Luego se dio una especie de boom entre los jóvenes. Será que todos hemos pensado en lo mismo y empezamos a generar mucha gráfica. Ahora mismo en La Paz no hay rincón o calle que no esté firmada o pintada con algo.

Llamas. 1.5m de alto, una plantilla, 2010.

¿Se puede hablar de una identidad boliviana?
Yo trato de tener mi personalidad, mi identidad. Así como los grafiteros le llaman “estilo” a su forma de escribir, yo, al buscar el mío, confrontándome con mi propia identidad, he dado lugar a mi estilo. Hay muchos colegas a los que respeto porque tienen buen trazo, ya saben manejar la herramienta (aerosol) y tienen líneas que yo no saco o me cuesta sacar.

¿Hacer arte urbano es sinónimo de trabajar en la noche o la madrugada?
Generalmente, ubico un espacio para pintar y comienzo a pintar desde la mañana con horario de trabajo porque además ya no hago obras pequeñas, sino grandes, que requieren mayor dedicación y tiempo para hacerlas con la calidad que me gusta. Y como a la gente, al parecer, le gusta lo que pinto entonces no me dicen nada. En realidad nunca he pedido permiso para pintar, salvo en una oportunidad: me invitaron a pintar en un festival y tenía una pared a mi disposición, pero después no.

¿El arte urbano tiene una edad límite de iniciación y jubilación?
No creo, el otro día conocí a un niño de unos once años que ya estaba pintando sus graffitis y también conozco a grafiteros que deben tener como máximo unos 27 años. Yo tengo 25 y estaré pintando hasta que me dé el cuero. No creo que deje de pintar, pero sí pienso explorar otras cosas más porque no me voy a quedar pintando sólo graffitis.

Sagrada autopsia. aerosol.

¿Quiénes influenciaron en tu arte?
No me gusta influenciarme porque corres el peligro de terminar copiando. Sí puedo mencionar que me gusta el trabajo de Bansky y de Salvador Dalí. Lo que me inspira mucho es la música.

Garrafa. 0.65m., una plantilla, 2011.

¿Qué música escuchas?
Soy bien de la vieja escuela. Escucho mucho rocanrol clásico, punk rock, música bien sesentona de Bolivia y Perú; escucho a los Loving Darks, Climax, los ovnis de Huanuni. De Perú me gusta la cumbia chicha y el rocanrol que llegó a ese país de manera distinta, pues no se hacían versiones en español de los temas en inglés. Ellos hacían sus propios temas roqueros desde el principio. Por ejemplo, ya en los sesenta aparece el grupo Los Saicos, una banda proto punk.

¿Cómo ves el país?
Sin ser pesimista, pero creo que ahora en el país no están bien las cosas. Siempre estamos en un momento en que parece que va a suceder algo drástico, o nos vamos a quedar igual sin que pase nada por un buen tiempo. Los bolivianos somos trabajadores y más cuando estamos en otro país; pero a la vez somos muy confiados, lo que ocasiona que nos dejemos mamar fácilmente.

Bocetos de obras.

Los links de Salvador Calavera:
elmatarte.blogspot.com/
www.facebook.com/pages/MATARTE/118300051537240

Escrito en piedra o amor a pedradas – Vol. R

Foto: Eligio Copari

Foto: Eligio Copari

Hace un año atrás cuando caminaba por el Puente de las Américas (Miraflores, La Paz), por pura casualidad reparé en una declaración de amor escrita con piedras en un promontorio de tierra ubicado a un costado del citado puente.

Este mensaje tenía un carácter bastante rudimentario y simple, y podía permanecer visible hasta una semana completa; pero luego me di cuenta de que la declaratoria   iba variando. La figura del corazón se convirtió en el elemento insustituible del diseño, sin embargo las piedras comenzaron a tomar colores y el cambio de los nombres de los enamorados se hizo frecuente al interior de aquella representación cardíaca y rocallosa, pero el mensaje seguía siendo el mismo: una declaración de amor.

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Últimamente dejé de fotografiar estos mensajes pues el resultado comenzó a hacerse monótono y previsible; se mantiene el corazón y se renuevan los nombres. El único mensaje con un toque de originalidad pero no exento de un grado de violencia, fue el encontrado debajo de los Puentes Trillizos (el que une Miraflores y Alto Obrajes) y el que mi buen amigo Eligio Copari gentilmente pudo captar: “te quiero matar”

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Tuve la tentación de hacer una especie de vigilia por los alrededores del puente para pescar infraganti al o los autores y así poder conversar y salir de la duda del constante cambio de nombres; si bien esto hubiera aclarado la situación por otra parte le habría quitado la magia y el misterio sobre el origen y motivaciones de aquel corazón cambalache, es por ello que preferí quedarme con mis posibles respuestas sobre la identidad de los autores:

• ¿Será un picaflor empedernido y apedreado que semana tras semana cambiaba el objeto y el nombre de su amor?
• ¿Será un artista de vanguardia, underground obviamente (pues ubica sus mensajes debajo del puente) quien a tono con las tendencias plásticas decidió archivar su caballete y bastidores para pintar piedras y armar mensajes tipográficos?
• ¿Tal vez un hábil publicista que en lugar de vender aparatosas gigantografías o avisos en prensa decidió rentar este espacio terrestre a enamorados con mucha necesidad expresiva pero con poco billete?
• ¿Serán los obreros  de la empresa constructora de las bóvedas del río Choqueyapu que en sus momentos de descanso trepan al lugar para hacer una dedicatoria a su amada?
• ¿Será una cooperativa de enamorados que semana a semana hacen un pasanaku con este espacio para que sus miembros se expresen allí a pedrada limpia?
• ¿Tal vez una competencia entre los habitantes del lugar para ver quién apedrea más declaraciones de amor?
• ¿Puede que se trate de una de las locaciones de alguna producción cinematográfica de nuestro cine tan venido a menos en temas del corazón?
• ¿O tal vez un comando revolucionario amoroso que decidió olvidarse de la política, la economía y la revolución cultural, para dedicarse a tiempo completo a la revolución del corazón?

Se aceptan otras posibles hipótesis…

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El Puente de Las Uniones

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El Puente de Las Américas es uno de los espacios más democráticos e igualitarios de La Paz, por allí transitan en fin de semana las parejas recién casadas: jóvenes o adultos, en limosina o en minibús, de pollera o de vestido, del norte y del sur, sólo con los padrinos o con toda la familia; de manera ordenada y respetando el orden de llegada, a diferencia de las movilidades que van por la calzada nadie trata de adelantar al otro, no hay prisa, ni bocinas y menos discusiones; las felices parejas orgullosamente caminan de subida por este puente que también une dos zonas de la ciudad (Sopocachi y Miraflores).

En esta oportunidad, los protagonistas de esta nota (post) son aquellos personajes secundarios, casi de “utilería” que el fin de semana trabajan en el puente: El fotógrafo, la champanera y el músico. Son alrededor de diez personas que sábado a sábado trabajan desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde.

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Henry Choque de saco y pantalón negro, camisa abierta, un bluetooth en la oreja a la espera de la confirmación para “cubrir un matriqui completo”, a pertrechado de su álbum de fotos con una selección de sus mejores tomas que evidencian sus dotes, y por supuesto su infaltable cámara fotográfica “digital por si acaso, la otra ya está archivada en casa” aclara.

Cuatro fotógrafos afiliados trabajan en el puente, alguno ya lleva 8 años en el lugar mientras Henry acaba de cumplir su segundo año; asegura que no hay peleas entre colegas, pues cada uno tiene su tramo del puente y su especialidad; hay quien sólo saca instantáneas o como en su caso “saco fotos más grandes y les tengo que llevar hasta el salón de fiesta hasta la noche”.

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Wilfredo Mamani el más nuevo, lleva un año cantando acompañado por su guitarra y un sombrero vaquero que le cubre del sol otoñal, va ofertando su repertorio a los recién casados, “los temas van de acuerdo al gusto de la gente, hay quien prefiere huayñitos, otros quieren mariachis o románticas, depende de ellos; pero yo tengo mi repertorio que les ofrezco”.

En un principio, este alegre músico trabajaba junto a unas amigas en el puente Bolivia en El Alto, “pero me fije que aquí no habían músicos y los matrimonios se veían tristes, les faltaba romanticismo para que sean más emotivos y más bonitos: entonces me bajé a la ciudad y como no había competencia me comenzó a ir bien”. Recuerda con una sonrisa la oportunidad en que cantando con su compañera “nos comenzamos a mirar las caras extrañados, como si estuviéramos fuera de nota, es que faltaba una cuerda y se descompaginó la canción, entonces la gente nos miraba chistoso como si fuéramos unos aprendices o borrachos”.

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María Vicenta Conde de vivaces ojos, chaleco multipropósito y charola en mano con cuatro copas de champán (bueno, en realidad de Sidra), junto a sus dos hijos da la bienvenida a los matrimonios, es la más antigua del lugar, lleva una década en el puente y también es la más ajetreada, pues su oferta de servicios incluye el colocado del bullicioso racimo de latas en las movilidades.

Puente08Ella asegura que “en septiembre y diciembre la gente se casa más” y por ende son los meses de mayor actividad “uno tras otro, ¡la fila ahí sí es fatal! En septiembre del año pasado han debido pasar por lo menos unos 30 matrimonios en un solo día”. En contraposición febrero y agosto son meses bajos en trabajo (y matrimonios) y ni que decir en noviembre cuando “son poquísimos, no se casan porque la primera semana es Todos Santos, es el mes de los muertos, además este año es impar y no hay tantos matrimonios, la gente se casa más en año par”.

Puente02María, Henry y Wilfredo casi a coro aseguran que los nuevos matrimonios caminan por el puente porque “da suerte, como esta de subida es como si tu vida en adelante fuera a ir creciendo, vas a subir en la vida, vas a tener progreso, por eso es la tradición y los que tienen fe cruzan el puente, para que les vaya bien en su matrimonio” y el ritual no es privativo de nadie en particular, pues en estos diez años de trabajo sabatino Maria a brindado sus servicios a políticos, deportistas, modelos, parientes y hasta a sus propios vecinos “Si bien hay los trillizos pero igualito, la mayor parte prefiere venir aquí, que es ya una tradición en La Paz”, Henry finalmente recomienda que “lo importante a momento de cumplir esta tradición, es hacerlo con harta fe y creer que les va ir bien en el futuro”.

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