Después de varios meses de acordar entrevistas virtuales ya sea por messenger, luego skype o facebook, las cuales no se concretaron más por el descuido de entrevistador que por la disponibilidad del entrevistado; hace dos semanas por fin logramos nuestro objetivo; desechando las opciones tecnológicas nuestra entrevista se realizó debajo de uno de los Puentes Trillizos (La Paz), en el puente Unión que haciendo honor a su nombre vincula las zonas de Miraflores y San Jorge, allí durante 3 jornadas de trabajo este joven artista plasmó una nueva obra para nuestra ciudad, no es el lugar más visible, casi escondido se encuentra un imponente cóndor presto a alzar vuelo en la ciudad de cemento, esta la entrevista con Salvador Kalavera:
¿Tienes algún problema en dar a conocer tu identidad?
Para nada, ya me han hecho varias entrevistas. No me hago mucho lío porque lo que yo hago no es delincuencial; soy un artista urbano.
¿De dónde eres?
Nací en Tupiza (Potosí) pero viví más tiempo en Cochabamba y La Paz, actualmente vivo en Buenos Aires (Argentina) donde estudio diseño de indumentaria en la Universidad estatal de Buenos Aires (UBA).
¿Qué diferencia hay entre un grafitero y un artista urbano?
El grafitero viene más de la cultura del hip-hop y yo no tengo ningún apego a ella; soy del otro extremo; pero esto no significa que no pueda hacer arte urbano. El graffiti tiene sus propias modalidades que yo no utilizo, como el marcar zonas, escribir nombres, tagear. Ellos mismos se definen como escritores. Obviamente, hacen figuras e imágenes que juntan con las letras. Lo mío no tiene nada que ver con el graffiti; lo que tengo en común es el uso del aerosol como herramienta de trabajo.
¿Cuáles son las temáticas que trabajas?
La cotidianidad es la que me inspira: salir a la calle y ver lo que sucede, cómo vive la gente cuando entras a la cocina y los temas del día a día que se hablan alrededor de una mesa. Esos son los temas que me inspiran y me hacen pensar en lo que voy a dibujar después. Sin necesidad de evadirse, hay que ser sensible a tu medio.
¿Por qué en la mayoría de tus obras están presentes los esqueletos?
Al principio, comencé a dibujar unas cholitas a las que no quería ponerles rostros con facciones estereotipadas de una mujer andina. Finalmente, llegué a la conclusión de que todos los seres humanos tenemos algo en común por dentro, que es un esqueleto, algo que nos hace iguales a todos. Entonces decidí que en lugar de poner un rostro utilizaría un cráneo y comencé a trabajar todas mis obras de esta manera, porque hay cosas que hemos olvidado o estamos olvidando: esa especie de espíritu de las cosas que están y no están muertas. Por eso a los esqueletos les pongo un contorno, un cuerpo para que estén presentes y tengan una personalidad de modo que la gente cuando los vea recuerde o les haga pensar algo.
¿Qué son la muerte y la vida para ti?
Para mí son la misma cosa, no creo que la muerte sea el final; más bien es parte de todo un proceso. Entonces, morir no significa que va a acabar todo, sino que es parte de ese proceso que es la vida: son la misma cosa. Tampoco hablo de reencarnaciones. Como decían nuestros antepasados, la muerte es parte de la vida y hay que tenerle respeto y no miedo.
¿Qué significa el “matarte”?
No es un nombre, es más bien un objetivo: es matar la cotidianidad, matar lo común, matar el aburrimiento, matar los pensamientos tontos. Es matar un poco al propio sistema mediante unos chispazos o ideas para que la gente comience a pensar en otras cosas y no sólo en lo que nos imponen.
¿Por qué esa necesidad entre los artistas urbanos de luchar contra el sistema?
No sé. En mi caso, porque se ha dado. Simplemente me di cuenta de que las cosas en este sistema en el que vivimos no están funcionando bien. No nos dejan pensar; se nos impone verdades, y no estaba satisfecho haciendo las cosas que me decían que tendría que hacer. Entonces comencé a buscar mi propio camino y encontré caminos alternativos; estoy buscando mi propia opción.
¿Cómo ves el movimiento del arte urbano y graffiti boliviano?
Ahora está bastante bien. Hace cinco años, cuando empecé, encontrabas en las paredes unos pocos esténciles, bombas, tags y un par de nombres que se repetían. El movimiento era tan pequeño que nos ubicábamos entre los que pintábamos. Luego se dio una especie de boom entre los jóvenes. Será que todos hemos pensado en lo mismo y empezamos a generar mucha gráfica. Ahora mismo en La Paz no hay rincón o calle que no esté firmada o pintada con algo.
¿Se puede hablar de una identidad boliviana?
Yo trato de tener mi personalidad, mi identidad. Así como los grafiteros le llaman “estilo” a su forma de escribir, yo, al buscar el mío, confrontándome con mi propia identidad, he dado lugar a mi estilo. Hay muchos colegas a los que respeto porque tienen buen trazo, ya saben manejar la herramienta (aerosol) y tienen líneas que yo no saco o me cuesta sacar.
¿Hacer arte urbano es sinónimo de trabajar en la noche o la madrugada?
Generalmente, ubico un espacio para pintar y comienzo a pintar desde la mañana con horario de trabajo porque además ya no hago obras pequeñas, sino grandes, que requieren mayor dedicación y tiempo para hacerlas con la calidad que me gusta. Y como a la gente, al parecer, le gusta lo que pinto entonces no me dicen nada. En realidad nunca he pedido permiso para pintar, salvo en una oportunidad: me invitaron a pintar en un festival y tenía una pared a mi disposición, pero después no.
¿El arte urbano tiene una edad límite de iniciación y jubilación?
No creo, el otro día conocí a un niño de unos once años que ya estaba pintando sus graffitis y también conozco a grafiteros que deben tener como máximo unos 27 años. Yo tengo 25 y estaré pintando hasta que me dé el cuero. No creo que deje de pintar, pero sí pienso explorar otras cosas más porque no me voy a quedar pintando sólo graffitis.
¿Quiénes influenciaron en tu arte?
No me gusta influenciarme porque corres el peligro de terminar copiando. Sí puedo mencionar que me gusta el trabajo de Bansky y de Salvador Dalí. Lo que me inspira mucho es la música.
¿Qué música escuchas?
Soy bien de la vieja escuela. Escucho mucho rocanrol clásico, punk rock, música bien sesentona de Bolivia y Perú; escucho a los Loving Darks, Climax, los ovnis de Huanuni. De Perú me gusta la cumbia chicha y el rocanrol que llegó a ese país de manera distinta, pues no se hacían versiones en español de los temas en inglés. Ellos hacían sus propios temas roqueros desde el principio. Por ejemplo, ya en los sesenta aparece el grupo Los Saicos, una banda proto punk.
¿Cómo ves el país?
Sin ser pesimista, pero creo que ahora en el país no están bien las cosas. Siempre estamos en un momento en que parece que va a suceder algo drástico, o nos vamos a quedar igual sin que pase nada por un buen tiempo. Los bolivianos somos trabajadores y más cuando estamos en otro país; pero a la vez somos muy confiados, lo que ocasiona que nos dejemos mamar fácilmente.
Los links de Salvador Calavera:
elmatarte.blogspot.com/
www.facebook.com/pages/MATARTE/118300051537240





















Ella asegura que “en septiembre y diciembre la gente se casa más” y por ende son los meses de mayor actividad “uno tras otro, ¡la fila ahí sí es fatal! En septiembre del año pasado han debido pasar por lo menos unos 30 matrimonios en un solo día”. En contraposición febrero y agosto son meses bajos en trabajo (y matrimonios) y ni que decir en noviembre cuando “son poquísimos, no se casan porque la primera semana es Todos Santos, es el mes de los muertos, además este año es impar y no hay tantos matrimonios, la gente se casa más en año par”.
María, Henry y Wilfredo casi a coro aseguran que los nuevos matrimonios caminan por el puente porque “da suerte, como esta de subida es como si tu vida en adelante fuera a ir creciendo, vas a subir en la vida, vas a tener progreso, por eso es la tradición y los que tienen fe cruzan el puente, para que les vaya bien en su matrimonio” y el ritual no es privativo de nadie en particular, pues en estos diez años de trabajo sabatino Maria a brindado sus servicios a políticos, deportistas, modelos, parientes y hasta a sus propios vecinos “Si bien hay los trillizos pero igualito, la mayor parte prefiere venir aquí, que es ya una tradición en La Paz”, Henry finalmente recomienda que “lo importante a momento de cumplir esta tradición, es hacerlo con harta fe y creer que les va ir bien en el futuro”.